El caso de Texas: discursos ideológicos e impresiones historiográficas contemporáneas

Independencia de TexasLa pérdida de Texas se ubica en el imaginario colectivo mexicano como uno de los episodios más dolorosos de su historia, considerado como un robo, una usurpación, un trauma que no ha podido ser superado a través de los años. Esta imagen no es contemporánea, más bien se ha nutrido de una serie de discursos que se inician desde los conflictos entre saltillenses y monclovenses, en las ideas separatistas de los colonos texanos, en los textos redactados por los diversos participantes de los hechos y los análisis que historiadores han hecho de los acontecimientos durante y después de ocurridos estos. Los acontecimientos que desembocaron en la pérdida de Texas no pueden ser conocidos en su totalidad, más bien el presente ensayo se enfoca en analizar los discursos y los objetivos que sus autores tuvieron al redactarlos, además de releer los análisis que se han hecho de los acontecimientos buscando en lo más profundo de las palabras, una ideología que parece repetirse desde el siglo xix hasta el xx.

En este ensayo se analizan diversas fuentes, todas ellas discursos que establecen opiniones y puntos de vista personales, algunos tendenciosos, sobre los acontecimientos que llevaron a la pérdida de Texas, así como a lo que sucedió después de ésta. No es la intención de este trabajo hacer un juicio o una valoración sobre la veracidad de las fuentes, más bien se busca analizar cómo una idea se gestó y cómo fue desarrollándose a lo largo de los años en los discursos, es decir, la de la pérdida de Texas como una ofensa a lo mexicano, ofensa que a la fecha no ha podido ser perdonada.

Discursos contemporáneos a los acontecimientos

Los actores y testigos de los eventos relacionados con la pérdida de Texas relatan, a través de sus escritos, tanto los acontecimientos como su propia impresión acerca de ellos, elaborando juicios de valor y demostrando su propia postura, tanto política, como hacia los demás actores de los hechos, y de la realidad que México estaba viviendo. El análisis de estos discursos nos puede servir de guía para encontrar cómo fue el desarrollo de la idea de la pérdida de Texas como una de las grandes desgracias nacionales. Vale la pena analizar algunos de los episodios de este evento, para encontrar las diversas voces que se pronuncian en estos discursos.

El conflicto de Saltillo y Monclova contra el gobierno central

El conflicto con los colonos de Texas tiene sus orígenes con los enfrentamientos a raíz del traslado de la capital de Coahuila Texas de Saltillo a Monclova, que se desarrolló en el marco del regreso de Santa Anna a la presidencia de la república y los enfrentamientos con Zacatecas[1]. La opinión pública se encontraba sumamente sesgada e inclinada a reprobar las acciones de Santa Anna en los territorios del norte, primero por las críticas que esta figura les representaba, tanto por los intereses económicos y políticos que entraban en juego entre los diputados de Saltillo. Miguel Soto destaca la postura que estos diputados tenían frente a las acciones de Santa Anna, al indicar que “los representantes lamentaban que el gobierno de la república dirigiera sus ejércitos contra el “pacífico y benéfico” estado de Zacatecas por un lado, y por el otro, permitiera a Cos amagar a las autoridades civiles de Coahuila y Texas”[2], declaración que hacía evidente su aversión contra todo lo que dictara el gobierno central, que veían como un enemigo a sus propios intereses.

Sin embargo, la verdadera razón de este enfrentamiento ideológico, y su subsecuente manejo de la opinión pública, tenía raíces más profundas que un simple pronunciamiento a favor de Zacatecas o en contra del gobierno central. Señala Soto que “uno de los factores fundamentales del conflicto entre monclovenses y saltillenses fue el control que unos y otros tendrían sobre el proceso de distribución de tierras en Texas”[3], tierras que representaban una inconmensurable fuente de futura riqueza, a pesar de todos los elementos que en ella intervenían, y que se revisarán más adelante. Incluso, dentro de la serie de conflictos, que llegaron hasta el enfrentamiento bélico, los intereses de los diputados se hicieron cada vez más evidentes, apoyando a los bandos que comulgaban con sus ideas, es decir, los colonos texanos. Al avanzar el conflicto, y convertirse ya no sólo en una disputa por la estancia de la cabecera estatal, “algunos políticos locales ofrecieron la venta de predios a cambio de ayuda militar o económica para resolver sus conflictos”[4], específicamente contra las tropas santanistas, que veían como el enemigo a vencer.

Justificación de la independencia texana

La independencia de Texas, enmarcado por los conflictos internos del país, y apoyado por diversas fuerzas, necesito también de discursos para apoyar su causa, es decir, la total separación de la administración centralista mexicana. Sin embargo, a pesar de los muchos pretextos que se dieron, pocos fueron aceptados de forma satisfactoria, encontrándose argumentos en la actualidad que contrarrestan estas causas.

La independencia que pedían los colonos texanos se basaba, más que nada, en el deseo de una total separación del gobierno mexicano, que percibían como un enemigo cobrador de impuestos que, además, se encontraba muy alejado geográficamente. Puede detectarse también una suerte de intervención estadounidense en esta clase de discursos, por ejemplo en la declaración de Soto, que menciona que “el discurso de la independencia de Texas […] se trata de una copia bastante cercana a la de Estados Unidos contra Inglaterra, en 1776. Es decir, se culpa a la metrópoli de todas las desgracias nacionales”[5], sin embargo, el papel de la política del país del norte puede ser sujeta a un nuevo debate, que se abordará en las páginas siguientes.

Uno de los principales discursos que se manejaron para pedir la separación de México en los territorios texanos fue la persecución religiosa por parte del gobierno central, aunque en uno de sus estudios sobre el tema, Soto declara que “de hecho, los estados de Coahuila y Texas promulgó en la práctica la primera ley de tolerancia religiosa en México, en 1834”[6], por lo que prueba que esta razón fue débil, aunque tuvo una importante resonancia en su momento. Los reclamos de independencia pronto se convirtieron en conflicto armado, como muchos autores ya han señalado, y nuevos motivos de separación surgieron entre la mentalidad texana, con el mismo fin de justificar la toma de armas contra el gobierno central. “Ante el avance de las tropas mexicanas que iban a someter a los colonos, éstos acusaron a las autoridades de la república de utilizar “mercenarios” para combatirlos. De hecho, fueron ellos, los texanos, quienes acudieron a verdaderos soldados de aventura “[7]. De nuevo vemos que los pretextos utilizados por los colonos texanos dejan mucho que desear desde la perspectiva actual, aunque en el momento de ser pronunciados tuvieron la efectividad necesaria, pues como menciona Reynaldo Sordo, “los colonos que en 1833 pedían su separación de Coahuila, acusando a sus autoridades, ahora levantaban sus armas para defenderlas de las injusticias del centro”[8].

Sin embargo, en análisis posteriores, específicamente del siglo xx, se ha podido concluir que “el que se aducía como motivo “principal” para separarse de México era el cambio de sistema político, hacia una república central”[9], motivo que inclinó la balanza de los acontecimiento para concluir con la separación de Texas, aunque se debe resaltar que, según señala Soto, este fue sólo otro de los pretextos utilizados por los texanos, pues en sus palabras, “toda esta situación coincidió con el proceso de centralización del país”[10].

Ideas sobre la pérdida de Texas

El acontecimiento preciso de la pérdida de Texas fue, desde que sucedió, una de las grandes heridas para los patriotas y políticos que la vivieron. Los discursos que giraron en torno al acontecimiento son sumamente claros acerca del sentir general sobre la pérdida de territorio, y analizando algunos de ellos podemos darnos una idea sobre la idea en general que se vivía en la nación mexicana.

Curiosamente, la pérdida de este territorio se vislumbraba mucho antes del inicio de los conflictos, pues encontramos el pronunciamiento de Fray Servando Teresa de Mier respecto a la pérdida de territorio, tiempo antes que comenzara el enfrentamiento. Dice Mier “que la pérdida de aquellos territorios, por invasión o tratado de España, era un despojo a México “[11], demostrando desde tiempos tempranos de la nación mexicana que ya se contemplaba la pérdida de tierras por potencias extranjeras, señalando también desde entonces la concepción que estas pérdidas tendrán en el imaginario colectivo.

Más adelante, ya con el conflicto con los colonos texanos en pleno, “la sublevación de Texas se veía desde México como una lucha interna”[12], no se percibía como un problema con una potencia intervencionista, como después el conflicto fue identificado. Pero poco a poco, la opinión pública fue tomando posturas mucho más definidas, especialmente con la consumación de la independencia texana. Nos señala Sordo que “el conocimiento de los convenios [entre Santa Anna y los colonos] provocó reacciones muy fuertes contra Santa Anna y su grupo en el gobierno. El Cosmopolita […] atacaba al gobierno por su forma de proceder, ocultando la verdad, y concluía señalando la necesidad de restablecer el sistema federal”[13]. Aprovechando el clima general de reprobación ante los eventos sucedidos, y buscando una justificación, actores de los conflictos, como Vicente de Filisola, dieron pronunciamientos al decir que “la guerra de Texas se considera como un preliminar de la guerra que acaba de terminar y anunciaba ya la terrible e insaciable ambición de los Estados Unidos”[14], o incluso que “la pérdida del territorio de Texas más bien ha sido una consecuencia necesaria de la imprevisión, del descuido o del error de nuestros gobiernos de todas las épocas”[15]. Pero la figura de Filisola merece un análisis más profundo, precisamente por el tipo de discursos que utilizó y el objetivo que perseguía con ellos.

Justificación de Filisola

Vicente Filisola, uno de los principales actores del conflicto texano, se pronuncia en una serie de textos que crea con objetivos específicos, según nos indica Antonia Pi-Suñer, al decir que Filisola “tiene toda la intención […] de defender, apasionadamente, la actuación del ejército mexicano y desde luego, de limpiarse él de toda culpa”[16]. Filisola elaboró dos textos principales, ambos versando sobre los mismos temas, pero ambos con un acercamiento diferente, pues uno de ellos fue escrito por un redactor, y el otro por él mismo. Soto menciona que en su libro “Memorias para la historia de la guerra de Texas,  [Filisola busca] justificar la orden de retirada que dio al ejército mexicano en Texas […] lo que hizo Filisola fue obedecer esas órdenes de su superior”[17], mientras que Pi-Suñer destaca que “en las dos ocasiones él consideró necesario justificar su actuación”[18], pues finalmente, “lo que le interesa […] es justificar su actitud ante la posteridad”[19].

La imagen que Filisola quiere proyectar, y hacer creer a sus contemporáneos y a quien lo estudie en un futuro es detectable rápidamente, pues “se retrata como un hombre disciplinado y obediente”[20],  mientras que señala a otros como responsables directos de los hechos en Texas, específicamente al presidente de la república. Destaca Pi-Suñer que ”la figura de Santa Anna ha quedado de nuevo vilipendiada y nuestro autor aprovechará la atmósfera que se respira para […] acusar al traidor”[21]. Sin embargo, Soto, más allá de leer el discurso que el general deja para la posteridad, señala que “Vicente Filisola fue un concesionario de tierras en esa provincia [Texas]. Además de omitir tal información en sus Memorias para la historia de la guerra de Texas […] también evita mencionar cierta cantidad de dinero que recibió tal vez de un agente suyo […] por parte de empresarios de Nueva York”[22], por lo que confirma la tesis de Pi-Suñer acerca del objetivo de justificación  que el general hace de sí mismo.

Discursos en torno a Lorenzo de Zavala

Lorenzo de Zavala es quizá uno de los personajes más acusados y señalados en el periodo de la pérdida de Texas. Sus acciones fueron juzgadas por sus contemporáneos, así como por historiadores posteriores, y generalmente se le ha añadido la etiqueta de traidor de la patria. Sin embargo, la labor discursiva en torno a Zavala se remonta a tiempos anteriores a su participación en la independencia texana, pues era de su interés guiar la opinión pública en un cauce que coincidiera con sus ideales políticos. Menciona Evelia Trejo que Zavala “se dio tiempo para traducir algunas piezas que consideró elocuentes y apropiadas para su tarea de ilustrar y guiar la opinión pública”[23], con la intención de ir adaptando las mentalidades de su época hacia los ideales que él mismo perseguía. La ideología de Zavala también se hace evidente en su amplia labor historiográfica, por ejemplo, Juicio imparcial sobre los acontecimientos de México en 1828 y 1829, en la que, a decir de Trejo, se hace evidente “la revelación de sus juicios sobre situaciones que le atañen de manera muy directa y la oportunidad que se dio de poner por escrito su defensa como la anticipación de los mayores vuelos que alcanza esta suma de explicaciones en su obra histórica […] Hace explícita su intención de corregir otras versiones sobre lo ocurrido en México”[24]. El objetivo que Trejo detecta en los escritos de Zavala no es otro sino “situarse él mismo como la víctima principal durante este periodo crítico”[25].

Los contemporáneos a Lorenzo de Zavala expresaron también discursos respecto a su persona y acciones, sobre todo después de la separación de Texas de la República Mexicana. A decir de Soto, “las opiniones de sus contemporáneos varían, y más bien se concentran en la participación posterior de Zavala en Texas”[26]. Uno de sus principales detractores fue José María Tornel y Mendívil, de quien se lee que “aseguraba que Zavala […] había vendido “la mejor parte de Texas” a empresarios neoyorkinos”[27]. Soto menciona también que “Filisola coincide plenamente con él [Tornel] en cuanto a la evaluación de la conducta traidora de Zavala”[28], como parte de su mismo discurso de defensa propia. Otro importante político de la época que escribió sobre Zavala fue Lucas Alamán, quien “destacó particularmente cómo Zavala y otros habían vendido sus concesiones”[29], señalando que Zavala había obtenido ganancias económicas a costa de los bienes de la nación. Sin embargo, uno de los juicios más fuertes sobre la figura de Zavala lo expresa Carlos María de Bustamante, pues declara abiertamente, con uso de calificativos, la reprobable actuación de Zavala, según su perspectiva. Dice Bustamante: “¿Qué leyes dictarán estos malvados? ¿Por dónde comenzarán siendo el director de sus obras Zavala? […] he aquí la guerra civil religiosa que nos amenaza […] el ladronazo de Zavala”[30].

Lorenzo de Zavala toma la pluma también y hace sus propios pronunciamientos, especialmente a través de sus obras historiográficas. A decir de Soto, en su obra Tejas y los Estados Unidos de América en sus Relaciones con la República Mexicana, de 1837, Zavala no hace otra cosa sino “exonerar a Santa Anna, mostrar la “política tenebrosa de la Unión Americana hacia México al tratar de obtener Texas por todos los medios posibles””[31], y de esta manera, señalar a nuevos culpables, los vecinos del norte. El objetivo de Zavala es analizado por Soto, pues destaca que “concentró sus esfuerzos en una burla sobre las leyes restrictivas a la inmigración estadounidense en Texas”[32], indicando más adelante que “resulta claro que para Zavala su participación política y empresarial en Texas se inscribía dentro de este proceso triunfal republicano en América”[33], objetivo hacia el que encausó tanto sus acciones cono su ideario político y social.

Impresiones historiográficas actuales

La idea de la gran desgracia que el país sufrió a causa de la independencia de Texas, si bien se manejó en los discursos del siglo xix, también es presente en los historiadores contemporáneos, llegando en ocasiones a llegar a juicios sobre las acciones y la misma persona de Lorenzo de Zavala, de Antonio López de Santa Anna y demás personajes que participaron de estos acontecimientos. A continuación se hace un breve recuento de las principales expresiones que se vierten en los estudios sobre el caso de Texas, en que se hace evidente que el imaginario colectivo sigue manteniendo la pérdida de Texas como una desgracia nacional perpetrada por los Estados Unidos y apoyada por traidores a la patria.

Juicios contemporáneos sobre la pérdida de Texas

Los juicios y opiniones tanto personales como colectivos que más comúnmente se encuentran en los trabajos historiográficos actuales se refieren principalmente a los personajes que participaron de estos acontecimientos. Así, encontramos pronunciamientos de los autores que más bien parecen de sus contemporáneos, por ejemplo, Pi-Suñer que dice de Filisola que “la historia oficial lo ha tachado de traidor o simplemente de pusilánime “, aunque más adelante hace la aclaración de que ”no se trata aquí de enjuiciarlo o determinar si su retirada de Texas fue acertada”[34]. Soto, por otro lado, hace pronunciamientos del estilo siguiente: “la campaña de Texas estuvo permeada por la crueldad, el oportunismo y, finalmente, la ineptitud de Antonio López de Santa Anna; así como, muy probablemente, algunos intereses empresariales por parte del segundo comandante en jefe [Filisola]”[35], al tiempo que hace un análisis de la opinión pública del momento, mencionando que “algunas de las mentes más lúcidas de México […] recomendaron reconocer su independencia [de Texas] […] pero debido a las volátiles condiciones políticas fueron acusados de traidores, por pretender renunciar a una parte del territorio nacional”[36].

Sin embargo, es en el personaje de Lorenzo de Zavala en que encontramos más calificativos de parte de Soto, acusando en ocasiones “la actitud potencialmente subversiva de Zavala”[37] o señalando abiertamente que “Zavala ocupa un lugar en el club de los grandes traidores de la historia”[38]. Finalmente, en concordancia con otros tantos autores tanto actuales como contemporáneos a los acontecimientos, Soto dice abiertamente que “Zavala había perjudicado a su patria al poner sus luces y habilidades al servicio de los rebeldes de Texas “[39].

Los pronunciamientos de Soto también atañen a los diversos grupos de políticos que intervinieron en este periodo, agregando expresiones que podemos llamar casi pasionales respecto al tema tratado, por ejemplo cuando habla del gobierno estatal de Coahuila Texas, que “finiquitó contratos que involucraban no cuatrocientas, como decía el decreto correspondiente, sino la friolera de aproximadamente cuatro millones y medio de acres de tierra”[40], o cuando menciona que “la legislatura […] en el colmo del atropello y la arbitrariedad, anuló una resolución que las propias autoridades del estado […] emitieron un año antes”[41].

Sin embargo, los calificativos más destacables son los que atañen a quienes han sido señalados como los villanos de la historia, específicamente los colonos texanos y los Estados Unidos. Para los colonos, Soto tiene enunciados del estilo que sigue: “los colonos texanos nunca tuvieron un particular aprecio por las leyes de México”, o “una buena cantidad de ellos [los colonos], empezando por sus dirigentes, eran prófugos de la justicia o de deudas pendientes, mientras que otros tantos […] pretendían lucrar con las tierras texanas” [42].

Para la participación de los Estados Unidos en el conflicto que desembocó en la pérdida del territorio de Texas, podemos encontrar pronunciamientos por parte de Soto como los siguientes: “el conflicto de Texas implicó una intervención extranjera, la primera en un sentido estricto, y, eventualmente, el despojo de una gran parte de territorio”[43], en donde se hace evidente la idea de un intervencionismo directo sobre la política interna de la nación mexicana; o  cuando menciona que “para muchos estadounidenses, Texas sólo representaba un capítulo más en su “proceso natural” de expansión hacia el oeste”[44], destacando la naturaleza expansionista estadounidense. Sin embargo, también es importante señalar que, a pesar que se emiten juicios respecto a la actuación estadounidense en el conflicto texano, el mismo autor destaca que la participación del vecino del norte no fue tan crucial como podría parecer, al decir que “en 1844, cuando se intente formalmente la anexión de Texas y el senado estadounidense se opuso a ello por mayoría”[45], aunque finalmente “la mayoría de los texanos optaron por incorporarse a la Unión, en julio de 1845”[46], consumando la anexión de Texas a territorio estadounidense.

Sordo hace enunciado más firmes acerca de la actuación estadounidense en el conflicto, pues uno de los puntos más importantes de su trabajo se resume en la siguiente frase: “Estados Unidos reconocía a Texas como república independiente de México el 3 de marzo de 1837”[47], como base de la acusación de intervencionismo y la política de expansionismo, que García Cantú acusa al acusar “la urgencia de ampliar los límites del primitivo país, el orgullo racial y la justificación supuestamente moral para organizar la esclavitud, todo lo cual se expresó en la frase “destino manifiesto””[48]. Este autor concluye con este pronunciamiento al señalar que “la ayuda de Poinsett a los texanos sería decisiva para que alcanzaran su “independencia””[49].

Finalmente, el acontecimiento en su conjunto, es decir, la pérdida de Texas, se reviste de un aura de tragedia y traición, que se hace evidente en los enunciados de los historiadores que tratan el tema, dejando ver su filiación a la patria mexicana. Sordo hace nombrar el subcapítulo en que trata este tema “Texas, Texas… siempre Texas”[50], connotando el nombre de Texas como recurrente de desgracias nacionales, confirmando esta idea más adelante cuando dice que “Texas paulatinamente se había convertido en una pesadilla […] [el] trauma de una derrota inexplicable”[51]. Sin embargo, el enunciado que más hace evidente este sentimiento trágico nacionalista de Sordo es el siguiente: “el levantamiento de los colonos de Texas contra las autoridades mexicanas en 1835 abriría toda una época de infortunio para la nación mexicana. No se recogerían más que los amargos frutos de la imprevisión y la ingenuidad, de años de estériles contiendas interiores y de la expansión imperialista de los Estados Unidos”[52].

Soto es un poco más tranquilo en sus pronunciamientos acerca del evento en general, pero no deja de entreverse un sentimiento de tristeza y derrota en sus palabras, pues destaca de los participantes del acontecimiento que “la incongruencia o violación continua de las leyes no fue algo exclusivo de los políticos mexicanos; los colonos de Texas también participaron de ambas”[53], además de decir que “el manejo de los recursos del nuevo país sí estuvo a la orden del día”[54].

Conclusiones

Si bien el acontecimiento de la pérdida de Texas, con todos los pequeños acontecimientos y causas que lo provocaron ya han sido analizados y relatados por diversas fuentes, es una interesante fuente de información acerca del manejo de discursos para manipular la opinión pública tanto contemporánea como de tiempos futuros, utilizada para lograr objetivos personales, ya sean políticos o económicos. Los discursos pronunciados por los principales actores de los acontecimientos, plasmados en trabajos historiográficos nos dan una idea muy clara de la facilidad con que las ideas podían cambiarse, aunque no siempre estos esfuerzos fueron fructíferos, pues otros discursos se enfrentaron a los primeros, como en el caso de las argumentaciones de Zavala contra las de Bustamante o Alamán. Por otro lado, la opinión pública se mantenía en constante cambio conforme iban desarrollándose los acontecimientos, ya sea a favor o en contra de un movimiento u otro, dependiendo siempre de los objetivos que los emisores de los discursos fueran, y el público al que le hablaban, colonos texanos, políticos, diputados, o mexicanos del centro del territorio.

Sin embargo, todas estas mutaciones de la opinión pública y del uso de discursos ha permeado hasta la idiosincracia mexicana actual, presente en los breves pero sustanciosos enunciados que varios autores expresan sobre personajes, acontecimientos o periodos. El episodio de la pérdida de Texas será, de esta manera, uno de los periodos que más hondo llegarán en la mentalidad mexicana, evidente en los trabajos historiográficos que tratan sobre el tema, y siempre conservará el aura de tragedia y traición, de despojo y de impotencia ante el poder intervencionista de Estados Unidos.


[1] Para un análisis profundo y completo del conflicto entre Saltillo y Monclova y sus consecuencias en la pérdida de Texas, se recomienda consultar Soto, Miguel, “La disputa entre Monclova y Saltillo y la independencia de Texas”, en Tempus. Revista de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras, 1, 1993, México, UNAM, FFyL, pp. 123-174.

[2]  Miguel Soto, “La disputa entre Monclova y Saltillo y la independencia de Texas”, en Tempus. Revista de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras, 1, 1993, México, UNAM, FFyL, p. 141.

[3] Ibid., p. 149.

[4] Ibid., p. 143.

[5] Miguel Soto, “Las justificaciones de la guerra y el expansionismo: la rebelión de Texas y la invasión americana”, en Gilles Bataillon, Gilles Bienvenu y Ambrosio Velasco (coord.), Las teorías de la guerra justa en el siglo XVI y sus expresiones contemporáneas, México, UNAM, FFyL, 2008, pp. 299.

[6] Ibid., p. 300.

[7] Op. Cit., Soto, “La disputa entre Monclova…”, p. 149.

[8] Reynaldo Sordo Cedeño, El Congreso en la primera república centralista, México, El Colegio de México, 1993, p. 238.

[9] Op. Cit., Soto, “Las justificaciones de…”, p. 301.

[10] Ibid.

[11] Gastón García Cantú, Las invasiones norteamericanas en México, México, Serie Popular ERA, 1974, p. 25.

[12] Ibid., p. 53.

[13] Op. Cit., Sordo, p. 241.

[14] Antonia Pi-Suñer Llores, “Memorias de un militar: el general Vicente Filisola”, en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, 10, 1986, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, p. 131.

[15] Vicente Filisola, Memorias para la historia de la guerra de Texas, edición de 1848-1849, V. I, p. 497, citado en Op. Cit., Pi-Suñer, “Memorias de un militar…”, p. 134.

[16] Op. Cit., Pi-Suñer, “Memorias…”, p. 130.

[17] Miguel Soto, “Lorenzo de Zavala y Texas: “el triunfo del espíritu republicano en América””, en Cristina Gómez Álvarez y Miguel Soto (coord.), Transición y cultura política. De la colonia al México Independiente, México, UNAM, FFyL, 2004, p. 231.

[18] Op. Cit., Pi-Suñer, “Memorias…”, p. 127.

[19] Ibid., p. 130.

[20] Ibid., p. 135.

[21] Ibid., p. 132.

[22] Op. Cit., Soto, “Lorenzo de Zavala y Texas…”, p. 237.

[23] Evelia Trejo, “Lorenzo de Zavala en el uso de la palabra”, en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, 20, 2000, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, p. 46.

[24] Ibid., p. 61.

[25] Ibid., p. 62.

[26] Op. Cit., Soto, “Lorenzo de Zavala…”, p. 223.

[27] Ibid., p. 221.

[28] Ibid., p. 231.

[29] Ibid., p. 223.

[30] Carlos María de Bustamante, Diario histórico…, 10 de febrero de 1833, citado en Op. Cit., Soto, “Lorenzo de Zavala…”, p. 227.

[31] Op. Cit., Soto, “Lorenzo de Zavala…”, p. 228.

[32] Ibid., p. 232.

[33] Ibid., p. 237.

[34] Op. Cit., Pi-Suñer, “Memorias de…”, p. 125-126.

[35] Op. Cit., Soto, “Las justificaciones…”, p. 301.

[36] Ibid., p. 302.

[37] Op. Cit., Soto, “Lorenzo de Zavala y Texas…”, p. 223.

[38] Ibid., p. 229.

[39] Ibid., p. 230.

[40] Op. Cit., Soto, “La disputa entre Monclova…”, p. 144. Las cursivas son mías.

[41] Ibid.

[42] Ibid., p. 146.

[43] Ibid., p. 149.

[44] Op. Cit., Soto, “Las justificaciones…”, p. 299.

[45] Ibid., p. 303.

[46] Ibid., p. 304.

[47] Op. Cit., Sordo, El Congreso…, p. 243.

[48] Op. Cit., García Cantú, Las invasiones norteamericanas…, p. 14.

[49] Ibid., p. 38.

[50] Op. Cit., Sordo, El Congreso…, p. 237.

[51] Ibid., p. 244.

[52] Ibid., p. 237.

[53] Op. Cit., Soto, “La disputa entre Monclova…”, p. 146.

[54] Op. Cit., Soto, “Lorenzo de Zavala y Texas…”, p. 238.

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