El queso y los gusanos, Carlo Ginzburg

Carlo GinzburgLa historia ha pasado, a lo largo de las diferentes corrientes historiográficas, por diversos enfoques y aproximaciones, desde las grandes batallas y conquistas, los personas que cambiaron el rumbo del devenir humano, hasta los pensamientos de los grandes actores políticos y culturales de los pueblos. Sin embargo, el texto de Carlo Ginzburg no trata estos temas, más bien los hace a un lado, y dedica su investigación y análisis a un personaje muy específico, Domenico Scandella, conocido también como Menocchio, un molinero italiano del siglo XVI, y a su pensamiento, el cual causó tal revuelo que llegó a ser sometido a dos procesos inquisitoriales, denunciado primero por un clérigo, y después por miembros de su comunidad.

Ginzburg deja muy claro, desde el prefacio, que la intención de su investigación no es ni analizar los hechos políticos, ni la mentalidad de la mayoría del pueblo. Más bien elige a un personaje atípico, un molinero que sabía leer y escribir, y cuyas declaraciones y discusiones con quien tuviera capacidad de escucharle, le ganó la fama de ser diferente a todos los miembros de su pueblo. El autor, al analizar un caso extremo, busca conocer lo que los demás historiadores han pasado por alto, “en sus confesiones podemos rastrear, con una facilidad casi exasperante, una serie de elementos convergentes”[1], elementos que forman parte de lo que llama cultura popular.

La convergencia de dos sucesos clave, la Reforma protestante y la invención de la imprenta, sitúan a Menocchio en un contexto que le permite abiertamente dar rienda suelta a su imaginación y a sus conjeturas muy personales sobre la vida y el universo, dedicando especial atención a las cuestiones teológicas. Es este aspecto el que más interesa a Ginzburg, quien busca en la serie de documentos referentes a los dos procesos que enfrenta el molinero, tanto las raíces como los argumentos clave de la herejía[2] que Menocchio sostenía con fuerza, y que además deseaba exponer ante cardenales, príncipes, o el mismo Papa. El historiador dará especial atención a los textos que sabemos Menocchio poseía, gracias a una relación de los libros que estaban en su posesión, perteneciente a los mismos procesos inquisitoriales. Sin embargo, como bien se indica, no basta con conocer la influencia literaria para explicar la concepción de la divinidad que Menocchio tenía. Ginzburg se pregunta “¿en qué medida la cultura primordialmente oral de aquellos lectores interfería con el disfrute del texto, modificándolo, remodelándolo hasta casi desnaturalizarlo?”[3]

La cuestión de cómo la influencia de las ideas reformistas, la experiencia cotidiana en la labor del molino, la concepción del clero, las ideas de tolerancia religiosa y hasta la misma posición, que podríamos llamar ilustrada, de Menocchio en relación a los otros habitantes de la villa, afectaron su lectura de textos como El Florilegio de la Biblia, Il Cavalier Zuanne de Mandavilla o hasta la Biblia en lengua vulgar en una edición no identificada[4], es uno de los puntos más importantes del análisis de Ginzburg, pues de estas influencias es de donde el molinero partirá para proponer una visión muy particular sobre la creación de los seres divinos, de Cristo y del mismo Dios, que logra conceptualizar por medio de la imagen del nacimiento de los gusanos en el proceso de creación del queso:

Yo he dicho que por lo que yo pienso y creo, todo era un caos, es decir, tierra, aire, agua y fuego juntos; y aquel volumen poco a poco formó una masa, como se hace el queso con la leche y en él se forman gusanos, y éstos fueron los ángeles; y la santísima majestad quiso que aquello fuese Dios y los ángeles; y entre aquel número de ángeles también estaba Dios creado también él de aquella masa y al mismo tiempo […][5].


[1] Ginzburg, Carlo, El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo XVI, México, Océano, Ediciones Península, 2011, p. 22.

[2] Mezcla peculiar entre luteranismo, anabaptismo y elementos tomados de los libros que Menocchio leyó.

[3] Ibíd., p. 24.

[4] Para una lista de los textos que Menocchio tenía en su poder se puede revisar la proporcionada por Ginzburg en Ibíd., pp. 77-80.

[5] Palabras de Menocchio en el primer interrogatorio ante la Inquisición, citadas en Ibíd., p. 43.

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