1492, El catolicismo triunfante

Para el americano que enfrentaba una invasión, cuando se vivió la Conquista por parte de los españoles, estos extraños visitantes eran quizá sus dioses, o enviados de otras tierras para brindarles prosperidad. Muchos han sido los juicios que se han hecho a estos conquistadores, sin embargo es necesario conocer la situación que vivían y los eventos anteriores al descubrimiento y conquista de América.

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El nacionalismo y el cristianismo

Desde el XV que comienza a usarse el término nación, tanto para denotar la unidad del cristianismo europeo, como para entender la unidad política y el origen común. De estos elementos, fue el cristianismo el que tuvo mayor peso en las mentalidades medievales, pues representaba la pertenencia al grupo selecto de creyentes que conocían a un dios que consideraban verdadero. “Todas las comunidades que de él [el cristianismo] se separaran serían no sólo marginales sino, sobre todo, indeseables”[1]. Partiendo de este supuesto es que se puede empezar a comprender la motivación de los eventos cruciales que se vivieron en la península ibérica en el importante año de 1492.

 

El Reino de Granada

La ocupación islámica en territorio europeo era ya de varios siglos, y aunque se había logrado recuperar algunas tierras, para la época de los Reyes Católicos aún se conservaba un territorio plenamente musulmán, Granada. Los eventos que se vivieron en la Corona de Castilla, a saber, la preferencia de Enrique IV por la cultura musulmán, los conflictos de sucesión entre su hija, apodada la Beltraneja y la hija del rey Juan II, Isabel, y el matrimonio de ésta con Fernando de Aragón, desencadenarían una serie de eventos desfavorables para los habitantes de la ciudad islámica.

Al unirse en matrimonio Isabel con Fernando se asentó la unión de los reinos de Castilla y Aragón, pero sobre todo, se instituyeron como los principales defensores del cristianismo ante los infieles, y aparecieron ante su pueblo como los defensores de la comunidad ante las pretensiones de los extranjeros, es decir, de la Beltraneja, apoyada por Portugal. De esta manera se inicia el último episodio de la guerra de la llamada Reconquista, es decir, de la expulsión de los moros del territorio español.

La Reconquista fue vista por los moros como una jihad, una guerra santa, por lo tanto era una guerra legítima, en la que se permitía el uso de todas las armas[2]. Por el otro lado, Isabel de Castilla aprovechó la fuerza de quien pudiera serle útil, desde mercenarios ingleses, suizos o franceses, hasta los condenados de Galicia, a quienes ofreció una amnistía si se unían a la lucha contra los musulmanes[3]. Se sitió a la ciudad de Granada, y el hambre que enfrentaron los moros les obligó a alimentarse con perros y ratas[4]. Finalmente, La ciudad islámica capituló, el rey Boabdil fue exiliado y gradualmente se fue perdiendo el derecho a conservar las tradiciones islámicas, imponiéndose la religión católica.

La expulsión de los judíos

Los judíos fueron otro grupo social que sufrió de persecución y ataques, incluso permitidos por los Reyes Católicos. Desde 1391 estallaban motines en contra de los judíos en toda España[5], y con el resurgido fervor nacionalista y religioso suscitado por el triunfo de Isabel y su unión con Fernando de Aragón provocaron más problemas para los judíos. El judío que deseaba escapar a esta persecución optaba por la adopción de la religión católica, siendo llamado converso o marrano, pero siempre cargando con la imagen de ser un cristiano nuevo, sospechoso de traición a la religión.

Los motivos para este odio no eran sólo religiosos, pues como siempre se ha relacionado al judío con el oficio de usurero, motivos económicos impulsaban esta discriminación. Una nueva herramienta se estableció para perseguir a los infieles, la santa Inquisición, por la que se vigilaba que los conversos no volvieran a sus antiguas creencias e impulsaran a los nuevos cristianos a regresar a las viejas formas[6].

La expulsión de los judíos se hace oficial el 31 de abril de 1492, cuando Isabel de Castilla y Fernando de Aragón dan la orden de conversión o abandono del territorio. Con sólo tres meses para liquidar sus asuntos, los judíos se vieron obligados a dejar sus bienes, incluso se les prohibió llevar metales preciosos, por lo que intercambiaban sus pertenencias por objetos de escasísimo valor, por ejemplo, cambiaban una casa por un asno[7].

El éxodo judío de tierras españolas habría de coincidir con la salida de Colón hacia nuevas rutas de intercambio con Asia, una vez que logró convencer a la Reina Isabel de patrocinar su expedición. Los atestados puertos fueron uno más de los problemas que enfrentarían los judíos, situación que tomaron algunos “cristianos nuevos [que] abandonaron un país tan inhospitalario en busca de comarcas acaso más propicias del otro lado del Atlántico, aprovechando la partida de las carabelas de Colón”[8].

“El espíritu de cruzada contra el islam se confunde con el rechazo de los judíos y la exaltación de la superioridad de las tierras cristianas[9]”, situación que habría de vivirse en las nuevas tierras descubiertas por los europeos en los años siguientes.

Los supuestos en la Conquista de América

“La guerra de Granada […] prefigura en ciertos aspectos una conquista de una envergadura mucho mayor, […] la invasión de América”[10], y es que en las conquistas que realizaron los caballeros en la zona islamizada, los excesos y abusos se hicieron presentes siempre que era posible. El saqueo, la rapiña y los ataques indignos eran comunes, así como lo serían más adelante entre los conquistadores[11]. El reparto de esclavos, así como las encomiendas fueron primero instituidos en las conquistas sobre los moros, para luego ser perfeccionadas en territorio americano.

“El destino de los moros prefigura el de centenares de sociedades aún desconocidas en aquel año de 1492”[12]. Sin embargo, una de las principales diferencias que existiría entre la conquista de los moros y la de los pueblos americanos es el respeto e los españoles a las construcciones islámicas, lo cual sorprende[13]. Probablemente se deba a que consideraban a los pueblos americanos como retrasados y satánicos, mientras que a los musulmanes los consideraban infieles, pero con una gran cultura de la que heredaron gran cantidad de conceptos, avances y adelantos.

La mentalidad medieval del español del Siglo XV será uno de los factores de mayor peso para los eventos que se desarrollan en la invasión de América. No basta con juzgar y argumentar que se trataba de salvajes sin respeto por las culturas ajenas, o con creencias de superioridad por el simple factor racial. Las mentalidades tardan años, incluso siglos en formarse, y es a través del análisis histórico que podemos llegar a un entendimiento profundo de los hechos, no como meros sucesos, sino como consecuencia de otros eventos y acciones anteriores.


[1] Carmen Bernard y Serge Gruzinski, Historia del Nuevo Mundo. Del Descubrimiento a la conquista. La experiencia europea, 1492-1550, México, FCE, 1996, p. 68.

[2]   Ibid., p. 58.

[3]   Ibid., p. 59.

[4]   Ibid., p. 61.

[5]   Ibid., p. 68

[6]   Ibid., p. 71

[7]   Ibid., p. 73.

[8]   Ibid., p. 77.

[9]   Ibid., p. 77.

[10] Ibid., p. 57.

[11] Ibid., p. 60.

[12] Ibid., p. 65.

[13] Ibid., p. 67.

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